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A mis padres Vassiliki y Dimitri,
que incluso sin educación,
¡Me enseñaron todo lo importante
que conozco en la vida!

Prólogo de la 2da Edición

Hace aproximadamente un año auto-publiqué la primera edición de este libro en línea. Fue rápido, rentable y permitió las fáciles corrección y actualización de una segunda edición en papel.

Logré hacer la publicación justo antes de la 3ra Conferencia Anual de la ONU sobre la Reducción del Riesgo de Desastres, realizada en marzo de 2015, en Sendai, Japón. Tal conferencia produjo el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres: 2015-2030 (SFDRR), un histórico acuerdo firmado por 187 naciones. Se trata de un documento que aborda el nivel de importancia de la Convención del Marco de las Naciones Unidas de 1992 sobre el Cambio Climático, desarrollado en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. El SFDRR tendrá importantes consecuencias en el futuro en lo que respecta a cómo los gobiernos, las empresas y las sociedades fortalecen la resiliencia frente a los riesgos de desastre.

El SFDRR sigue siendo un asunto de menor importancia para la gran mayoría de los funcionarios de gobierno, empresarios y público en general, y posee una escasa cobertura por parte de los medios. No obstante, se ha desa-tado una corriente activa que aumentará su visibilidad en la próxima década.

Una de estas acciones fue la integración de varias iniciativas del sector privado de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR, por sus siglas en inglés) bajo el mismo marco. Esta fue lanzada en noviembre de 2015, en Londres, como la Alianza para las Sociedades Resistentes a los Desastres (ARISE) del cual fui elegido miembro para la junta de 12 miembros. Con la adhesión inicial de más de 100 entidades del sector privado, representa una mezcla geográfica, multisectorial y de diversas proporciones, y que en los próximos años promete crecer y contribuir a la consecución de los objetivos del SFDRR.
Las métricas, la sensibilización y la divulgación, así como las políticas públicas y privadas, programas e incentivos impulsarán la participación empresarial en general. Estos serán catalizadores para la aparición y crecimiento de los productos y servicios relacionados con la resiliencia, que las empresas con visión de futuro pueden capitalizar.

Por otra parte, aún queda mucho por hacer en el cambio de hábitos y actitudes públicas, comerciales y sociales que inhiben la adopción de políticas y comportamientos resilientes, así como para hacer frente a oponentes de la resiliencia. A menos que identifiquemos, proyectemos y tratemos estas barreras; el progreso será lento y difícil. Este tema sigue siendo el objetivo principal de este libro. Gracias.

Aris Papadopoulos
Enero de 2016

Anotación personal

En 2014 me retiré como director general de Titan America, una compañía de materiales de construcción de los Estados Unidos. 57 no es una edad típica de jubilación: después de 35 años en el negocio (20 como director general), sentí la necesidad de continuar con mi pasión: permitir que el mundo avance hacia la construcción de un entorno más resiliente a los desastres. Con el tiempo, había acumulado una amplia experiencia y conocimiento en la industria de la construcción, las condiciones en las que opera y lo que la hace funcionar; y el trabajo previo en Europa y Oriente Medio me dio perspectivas adicionales.

Mi ímpetu arrollador se nutre de haber sobrevivido personalmente numerosos desastres: dos terremotos (mi casa paterna en Grecia), dos huracanes (mi actual hogar de la Florida), un incendio industrial, y los atentados del 11 de septiembre en el Centro Mundial de Comercio en Nueva York. Después de este último me di cuenta de la necesidad de servir a un propósito más profundo, más allá de funcionamiento de una empresa. Cada vez más me cuestionaba por qué muchas de las decisiones de construcción se habían tomado de esa manera, y posteriormente pensé en las fallas que se pudieron haber prevenido. En el proceso me adentré en las aguas turbias de los códigos.

Mis ayudas fundamentales fueron mis estudios en ingeniería (MIT) y negocios (Harvard). No se trataba simplemente de una cuestión técnica, sino socio-económica. Me zambullí en la creciente ola de la sostenibilidad, pero descubrí que faltaba un elemento esencial: la Resiliencia.

Nunca fui un aficionado de las Naciones Unidas. En 2010 me ​​encontré con Margareta Walhstrom, jefe de la iniciativa de resiliencia de las Naciones Unidas, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR). Compartíamos intereses comunes y me invitó a unirme a un grupo de líderes de negocios: los esfuerzos de la ONU por involucrar a la comunidad de negocios me impresionaron. En 2011, este se convirtió en el Grupo Consultivo del Sector Privado (GASP) de la UNISDR. Serví como su primer presidente hasta 2013 y he sido miembro activo desde ese entonces.

Este libro es mi primer intento de documentar las observaciones de mi vida y de ahondar en el tema. No lo considero escritura académica dado que no cumple con los estándares académicos, de hecho, nunca se concibió con ese propósito. Su objetivo es estimular el pensamiento crítico y la discusión, lo que dará lugar a la acción.

Estoy seguro de que muchos discreparán conmigo o defenderán el statu quo y los invito a que lo hagan porque no habrá progreso a menos de que desafiemos lo que hacemos y busquemos mejorarlo.

No pretendo lucrarme con este escrito. Todas las ganancias serán destinadas al Fondo de Acción Resiliencia, una organización sin ánimo de lucro que inicié. Toda mi vida estuve en el extremo receptor del activismo, pero ahora, habiéndome graduado de la vida corporativa, al fin puedo ser un activista yo también.
Solo Dios es perfecto. Por lo tanto, reconozco la oportunidad de corregir, actualizar y mejorar las ediciones futuras. Sus comentarios y sugerencias para este efecto son más que bienvenidos y apreciados.
Gracias por el honor de brindarme su atención.

Aris Papadopoulos
Febrero de 2015

Expresiones de Gratitud

Deseo agradecer a las siguientes personas y empresas por su asistencia, asesoramiento y apoyo (orden alfabético):

  • Carl Schneider de Schneider Insurance and Smart Homes America
  • Debbra Johnson de Debbra A.K. Johnson, LLC
  • Dr. Fred Krimgold de Virginia Tech
  • Holly Tachovsky de Buildfax y su personal, incluyendo a Sefton Patton
  • Prof. Jeremy Gregory del MIT y sus estudiantes Reed Miller y Arash Noshadravan
  • Julie Rochman de IBHS y su personal, incluyendo a Tim Reinhold y Siavash Farvardin
  • Leslie Chapman Henderson de FLASH y su personal, incluyendo a Sarah Chason y Audrey Rierson
  • Margareta Walhstrom of UNISDR y su personal, incluyendo a Andrew Maskry de Kiki Lawal
  • Naresh Raheja, de RMS
  • Rowan Douglas de Willis Re, su personal y socios, incluyendo a Greg Low y Sophie Abraham
  • Steve Szoke de PCA
  • Thomas Loster de Munich Re Foundation y sus socios, incluyendo a Alexander Allman

Estoy agradecido con Carolina y Alejandro Herrera-Cano por traducir este libro de inglés a español.

Además deseo agradecer a mis hijas Angelina y Eliza por sus perspectivas de una generación más joven, Florian Barth por sus años de aliento, Dimitri Papalexopoulos por ayudarme a mudarme a la siguiente fase de mi vida y, finalmente, a todos mis amigos en la UNISDR por compartir la pasión y la visión de un mundo más resiliente ante las amenazas.

Acepto toda la responsabilidad por cualquier error u omisión. Las opiniones expresadas en este libro son mías y no deben ser vistos como la representación de las de cualquiera de las partes presentes de las que se hacen referencia o reconocimiento en el documento.

¡Gracias a todos!

Introducción

En el nuevo milenio, el desarrollo sostenible (también conocido como “sostenibilidad”) se convirtió en un tema popular entre muchos círculos políticos, empresariales y académicos. Lo que significa depende de con quién se hable y lo que esté trabajando.

En 1987, la Comisión Mundial de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo publicó un informe titulado “Nuestro futuro común”. Conocido como el  Informe Brundtland (el nombre de la presidenta de la comisión, la ex primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland) que ofreció esta definición sucinta:
Desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

El informe contiene la palabra “ambiente” más de 600 veces, “gobierno” alrededor de 300 veces, y “riesgo” 108 veces. Se hace referencia a “desastres” 24 veces. Sin embargo, no hay ninguna mención a “resiliente” y sola hay una mención casual de la palabra “resiliencia”. En general, el informe fue escrito por el gobierno para el gobierno, para llamar la atención sobre los riesgos que surgen de no actuar y colaborar con el medio ambiente.

Cinco años más tarde, la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro presentó la Convención del  Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Desde entonces, la sostenibilidad se convirtió en un “movimiento verde” muy activo. Este tomó muchas formas y caras… desde la conservación hasta la eficiencia de los recursos, el calentamiento global, el cambio climático y la diversidad biológica; su tema principal fue la relación del ser humano con la naturaleza. En esencia, el movimiento verde se centró en “la protección de la naturaleza de los seres humanos”.

Sin embargo, dentro de la sostenibilidad, ¿cuándo podemos abordar “la protección de los seres humanos de la naturaleza”? ¿Esta no es acaso una necesidad fundamental de las generaciones presentes y futuras? Tal vez el movimiento verde implica que si tenemos éxito en la protección de la naturaleza, de alguna manera la naturaleza nos corresponderá y estaremos protegidos de manera automática.

Ciertamente, tratar bien a la naturaleza es mejor que tratarla mal, pero no es garantía de que nos proteja. La naturaleza actúa predecible e impredeciblemente tanto de manera benévola como malévola. Aunque hoy día los seres humanos ejercen una influencia mayor que la de nuestros predecesores, las fuerzas naturales siguen teniendo la sartén por el mango.

El punto es que aunque que ser bueno con la naturaleza es importante, no es suficiente. Para ser sostenible también hay que proteger de manera efectiva a los humanos de la naturaleza y de sí mismos, en ello radica la esencia de la resiliencia.

El movimiento verde instó un impulso hacia el “desarrollo verde” y la “inversión verde”.  Pero, ¿y si estas inversiones no son resilientes? ¿Destruir un activo verde no constituye acaso una doble pérdida?
No hay mayor golpe a la sostenibilidad que la destrucción. Es el fracaso, independiente de las cualidades verdes del activo perdido. Por lo tanto, ser resiliente es un requisito esencial para ser “sosteniblemente” verde.

El éxito del ‘movimiento de la sostenibilidad’ exige movimientos verdes exitosos y movimientos de resiliencia. Sin la capacidad de recuperación, ser verde es un espejismo de sostenibilidad.  En ese sentido, verde y resiliente son las dos caras de la misma moneda. El tema de este libro es precisamente la otra cara de la moneda de la sostenibilidad.

¿Qué es la resiliencia? La UNISDR lo define como:
La capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuesto a la amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de los efectos de una amenaza de manera oportuna y eficiente, que incluye la preservación y restauración de estructuras y funciones básicas .

Esto proporciona muchos ámbitos y perspectivas de la resiliencia: unas estrechas, como la capacidad de recuperación de una parte de la aeronave; u otras anchas, por ejemplo cómo las personas dentro de la sociedad coexisten entre sí. La resiliencia puede referirse a algo material y no-orgánico como un puente o la pared de un edificio; u orgánico y vivo como una planta o el cuerpo humano. Estas tienen similitudes pero también diferencias.

Este libro se centra en la capacidad de recuperación de los sistemas materiales/no-orgánicos. Los sistemas vivos/orgánicos son diferentes, en cuanto a que poseen capacidades particulares que no se encuentran en los sistemas no vivos, como la capacidad de adaptación y evolución. Los sistemas sociales y ecológicos se comportan similarmente al mundo orgánico/viviente. Dado que la mayoría de literatura sobre la capacidad de recuperación se centra en conceptos relacionados con este último tipo, no hacer la distinción a menudo crea confusión cuando nos referimos a la resiliencia en los sistemas materiales/no vivos. Es evidente que el mundo material/no-orgánico afecta el orgánica/social y viceversa.

La resiliencia es un atributo de un sistema, en vez de una colección inconexa de piezas resilientes. En realidad, los sistemas están anidados dentro de los sistemas. Una ventana es una parte de un sistema de construcción, una estructura es parte de un sistema urbano y una ciudad es parte de un sistema socio-económico.
En todo nivel, la resiliencia de un sistema no-orgánico puede ser caracterizada por tres propiedades secuenciales: la resistencia, la redundancia y la contingencia.

  • Resistencia: capacidad primaria para resistir y soportar los riesgos (choques y tensiones).
  • Redundancia: partes redundantes, si los elementos críticos del sistema fallan.
  • Contingencia: un plan de emergencia, en caso de que una porción significativa del sistema falle.

Llamo las dos primeras ‘Capacidad de Resiliencia’ y la tercera ‘Capacidad de Respuesta a Emergencias’. El objetivo es que la Capacidad de Resiliencia realice su trabajo el 99.9 % de las veces. Cuando se apela a la Capacidad de Respuesta a Emergencias ya es un fracaso. De hecho, cuan menor sea la Capacidad de Resiliencia de un sistema, mayor Capacidad de Respuesta a Emergencias se requiere. Lamentablemente, por razones que vamos a explorar, el enfoque y los recursos públicos se dirigen de manera desproporcionada hacia la Capacidad de Respuesta a Emergencias.

Este libro se centra en la capacidad de recuperación del entorno construido por tres razones:

  1. El entorno construido es la primera línea de defensa protectora de la humanidad (es decir, la amortiguación) en contra de la mayoría de los riesgos naturales; el “capullo” humano, como lo llamaremos más adelante.
  2. El entorno construido ya es la mayor inversión de la humanidad y se espera que durante el próximo medio siglo se haga significativamente más grande, impulsado por el aumento de la población mundial y la urbanización.
  3. Durante el pasado medio siglo, las fallas en el entorno construido han ido aumentando a un ritmo alarmante.

Por último, el entorno construido es el área principal de experiencia y conocimiento del autor. Más concretamente, nos centraremos en las lecciones aprendidas en los Estados Unidos (EE.UU.). Aunque es posible considerar esto limitante, se probará que es muy útil.

Durante el siglo pasado los EE.UU. hizo la inversión más importante del mundo en el desarrollo de su entorno construido, a medida que el país crecía y prosperaba. No obstante, hoy en día esta inversión sufre una de las tasas más altas de fracaso. Esto hace de los EE.UU. un excelente caso de estudio para el mundo en vía de desarrollo, que está planeando un período sin precedentes de crecimiento económico.
Al hacerlo mi objetivo es desmitificar y dar aclaraciones sobre los procesos mediante los cuales se crea el entorno construido en un idioma que se espera todo el mundo puede entender.

¡Así que vamos a empezar!

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